El vino ossolano tiene una historia de más de setecientos años, pero también mira con determinación hacia el futuro, entre nuevas producciones y mercados aún por descubrir.
Una antigua tierra vitivinícola
La Ossola es una antigua tierra vitivinícola con una intensa historia que contar: la viticultura local tiene más de setecientos años, documentada por un escrito que data de 1309. Durante cinco largos siglos, el patrimonio enológico ossolano fue considerado inestimable y estuvo destinado principalmente al mercado suizo y milanés.
De la edad de oro a la filoxera
Durante la segunda mitad del siglo XIX, un insecto llamado filoxera comenzó a atacar violentamente los viñedos de toda Europa: los viticultores no tuvieron más remedio que injertar las variedades europeas sobre portainjertos americanos, resistentes al parásito. Hoy, con unas 694 variedades diferentes, Italia es uno de los primeros países del mundo en biodiversidad vitícola, y es también gracias a esta capacidad de adaptación que antiguas variedades como el Prünent han sobrevivido hasta nuestros días.
El éxodo desde las Langhe y el Monferrato hacia la Ossola
Un hecho sorprendente concierne a algunos viticultores procedentes de las Langhe y el Monferrato que eligieron abandonar esos célebres viñedos para trasladarse a la Ossola, atraídos por un territorio rico en oportunidades aún sin explotar. Las variedades de uva de la zona son hoy muy variadas también porque, en el pasado, los agricultores intercambiaban o “tomaban prestadas” de sus vecinos las variedades que más les gustaban, en una época en la que no existían los conocimientos agronómicos actuales.
El deseo de recuperar un pasado glorioso
En las últimas décadas ha surgido un fuerte deseo de recuperar las variedades históricas: se han creado diversos programas y colaboraciones para poner en valor la viticultura ossolana, que hoy es una actividad próspera entre los 200 y los 700 metros de altitud. Los principales municipios vitivinícolas son Domodossola, Trontano, Masera, Montecrestese, Crevoladossola, Villadossola y Piedimulera, con un total de aproximadamente 50 hectáreas cultivadas de vid.
Hacia nuevos mercados y nuevas producciones
Las empresas de la zona producen principalmente vino tinto, pero no solo eso: la Azienda Agricola Edoardo Patrone es la primera de la Ossola en la producción de espumoso rosado, una señal de cómo la viticultura ossolana se está transformando en una auténtica producción de nicho, capaz de dirigirse también a mercados distintos del local.
Una anécdota vinculada al Duomo de Milán
Os dejamos con una pequeña anécdota: según la tradición, el vino ossolano se utilizó como pago por la mano de obra de los trabajadores que erigieron el Duomo de Milán, construido precisamente con el mármol de Candoglia, también procedente de la Ossola: un doble vínculo entre este valle y uno de los monumentos más célebres de Italia.
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Una mirada al futuro de la viticultura ossolana
Mirando hacia adelante, el reto del vino ossolano sigue siendo conciliar su dimensión de nicho con una creciente demanda de autenticidad por parte de los consumidores, cada vez más interesados en territorios menos conocidos pero capaces de contar historias reales: un terreno fértil para una producción que, aunque siga siendo pequeña en cifras, tiene todas las condiciones para continuar creciendo en calidad y reconocimiento.
Una historia, la del vino ossolano, que todavía está por escribirse en sus capítulos más recientes.
Cifras pequeñas, grandes ambiciones
Con unas cincuenta hectáreas de viñedos en total, el Val d’Ossola nunca podrá competir en volumen con las grandes denominaciones piamontesas, pero precisamente esta dimensión reducida permite a los productores locales apostar por un posicionamiento de calidad y singularidad, capaz de atraer a un público de aficionados en busca de vinos de territorio auténticos, alejados de la producción a gran escala.
Un brindis por el pasado y otro por el futuro que está por llegar.
Un camino largo, pero ni mucho menos concluido.